El extraño fenómeno por el cual una cabeza cortada sigue consciente (y qué dice la ciencia)

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Cuando Charlotte Corday, la asesina del político francés Jean-Paul Marat, fue ejecutada por guillotina en 1793, un hombre llamado François le Gros supuestamente levantó la cabeza y abofeteó ambas mejillas. 

Los espectadores afirmaron que la cara de Corday adoptó una expresión de enojo y sus mejillas se sonrojaron.

Lejos de ser una excepción, existen distintos reportes a lo largo de la historia de cabezas cortadas que parecen haber mostrado signos de conciencia. 

Por ejemplo, al parecer la entonces esposa del rey Enrique XVIII de Inglaterra, Ana Bolena, trató de hablar después de ser decapitada.

Pero, ¿son estas historias falsas o hay evidencia científica de que la cabeza puede permanecer consciente después de haber sido separada del cuerpo?

Trasplante de cabeza

En los últimos años, el plan de realizar el llamado primer trasplante de cabeza humana del mundo ha despertado gran interés.

De llevarse a cabo, lo cual cada vez parece más improbable, el trasplante empujaría los múltiples límites de la ciencia.

La más obvia es si la cabeza (y su contenido) puede sobrevivir tras ser removida del cuerpo y por cuánto tiempo.

El cerebro y todas las estructuras que dependen de él necesitan oxígeno para funcionar (el cerebro consume 20% de todo el oxígeno utilizado en el cuerpo).

Una vez que se cortan los vasos sanguíneos en el cuello, el suministro de oxígeno se detiene.

Cualquiera que sea la cantidad de oxígeno disponible en la sangre y tejidos después del golpe fatal, seguramente estará allí para ser usado, pero no durará por mucho tiempo.

Por ende, los tejidos o estructuras aún adheridas a la cabeza, como los músculos para abrir y cerrar los ojos o la boca, podrían tener la capacidad para moverse, porque los nervios que suministran esos músculos aún estarían conectados a la fuente de oxígeno.

Las cabezas de otros animales pueden sobrevivir mucho más tiempo.

En 2014, por ejemplo, se informó que un chef en China falleció tras ser mordido por una serpiente venenosa a la cual le había cortado la cabeza 20 minutos antes.

En el túnel

Desde hace un tiempo esta área de investigación se ha centrado en saber de qué son conscientes las personas que sufren experiencias cercanas a la muerte durante dicho episodio.

Hay personas que han sufrido un ataque cardíaco y pueden describir lo que sucedía en ese momento y la habitación que los rodeaba, mientras eran reanimados.

Esto sugiere que, si bien es posible que su corazón no esté latiendo, su cerebro ciertamente está consciente de lo que pasa alrededor, a pesar de no mostrar ninguno de los signos clínicos de consciencia.

Otros estudios han registrado la presencia de actividad en el cerebro 30 minutos después de que el corazón haya dejado de latir.

Se trata de las llamadas ondas cerebrales delta, las cuales también se ven a menudo en las etapas de sueño y relajación.

Incluso hay investigaciones recientes que han demostrado que esas ondas posteriores a la muerte terminan con una ola final de actividad que recorre el cerebro minutos después de que el corazón termina de latir, lo que se denomina despolarización propagada.

En humanos estas ondas son lo suficientemente grandes como para ser detectadas por un electroencefalograma, un dispositivo que mide la actividad eléctrica en el cerebro.

Estudios en otros organismos han sugerido que incluso 48 a 96 horas después de la muerte, los genes todavía se expresan y hay actividad, y que, en algunos casos, hasta aumenta en cantidad.

El caso de Mike

Es necesario investigar más y comprender mejor a los seres humanos para establecer realmente qué es esa actividad que se detecta después de la muerte y cómo esta se relaciona con la función y actividad consciente frente a la inconsciente.

Es probable que el caso más famoso de supervivencia tras decapitación sea el de Mike.

Mike sobrevivió 18 meses tras haber sido decapitado. «¿Cómo?», podrías preguntarte.

Bueno, parece ser que el corte supuestamente fatal logró atravesar su tronco cerebral en cierto ángulo que mantuvo vivas las partes de su sistema nervioso central que controlan las funciones básicas. A su vez, un oportuno y bien colocado coágulo de sangre evitó que se desangrara hasta morir.

¿Mencioné que Mike era una gallina? Pues es probablemente el ejemplo más longevo de una «gallina que corre sin cabeza».

Lamentablemente esta nunca será una posibilidad para los humanos. Incluso las partes del cerebro que controlan las funciones más primitivas están contenidas dentro del cráneo.

Así que, por mucho que la gente quiera creer que Ana Bolena intentó hablar después de ser decapitada, la historia probablemente sea apócrifa.

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